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“Loro viejo no aprende a hablar”: por qué la edad no es excusa para aprender un nuevo idioma

Los cursos de inglés y otros idiomas para personas mayores de 50 años son cada vez más populares y te mostramos por qué.
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“Loro viejo no aprende a hablar”: por qué la edad no es excusa para aprender un nuevo idioma

Ilustrado por Angelica Liv

El conocido refrán loro viejo no aprende a hablar parece haberse convertido en una manera de desanimar a los adultos mayores cuando tienen la intención de aprender un nuevo idioma. Seamos realistas, si bien es cierto que todos aprendemos de manera y a ritmos diferentes, esta no es la norma a seguir cuando hay un interés real de por medio y nos concentramos en lograrlo. Aprender una segunda lengua, incluso después de los 50, trae mucha satisfacción, disminuye nuestros niveles de estrés, potencia nuestro cerebro y, como si fuera poco, nos ayuda a recuperar la capacidad de concentración.

El cerebro no se arruga con la edad (lo que desafortunadamente sí sucede con la piel), pero experimenta algunos cambios que ralentizan la manera en la que recupera ciertas informaciones. ¡Los cursos de inglés y otros idiomas para adultos mayores son muy comunes! Por eso, no nos dejemos engañar, no es que el loro por viejo no aprenda, es que por fin alcanzó una edad en la que puede decidir qué, cuándo y cómo lo aprende.

¿Misión imposible?

Todas estas ideas erradas sobre el envejecimiento solamente logran que las personas desistan y se den por vencidas para aprender otro idioma sin siquiera haberlo intentado, pasando por alto todos los beneficios que llegan con los años. Cuando pasamos los cuarenta y tantos, somos más conscientes de lo que queremos y de las razones por las que lo queremos. En cierta manera se tiene la madurez necesaria para sortear las dificultades con perseverancia y, además, se cuenta con cierta cantidad de tiempo libre que posibilita el aprendizaje autónomo. Pasados los 50 ya queremos hacer cosas diferentes, no para otros sino para nosotros mismos, buscando la satisfacción personal e imponiéndonos metas propias.

Y así, como nos preocupamos por mantener una dieta sana, luchando día a día contra esos kilitos de más, debemos preocuparnos también por ejercitar nuestro cerebro diariamente… y que mejor gimnasio que el aprendizaje de una nueva lengua, ejercitando nuestro cerebro día a día. Intentar aprender al menos un nuevo idioma mantiene el cerebro en óptimas condiciones, proporciona herramientas para disminuir la pérdida de la memoria y contribuye a la regeneración neuronal, la cual, según se ha comprobado, continúa aún en la vejez.

Ese maravilloso hábito que tenemos los adultos de apuntarlo todo para no olvidarnos es de gran utilidad a la hora de aprender nuevas lenguas, pues incentiva nuestra memoria visual.

Dar el primer paso

Si estamos decididos a aprender una nueva lengua, el primer paso es definir qué idioma se quiere aprender y para ello es importante determinar cuál es la motivación: un viaje, conocer la cultura de un país o un reto personal. Mi sueño de niña, por ejemplo, era aprender alemán, pero los afanes de la vida hicieron que ese sueño quedara guardado, pero no olvidado. Casi a mis 50, después de que mis hijos crecieron y podía invertir el tiempo en mí, rescaté ese sueño (algo empolvado por cierto) y comencé la aventura de estudiar alemán sabiendo una sola palabra: Hallo. Hoy, después de 5 años, aún sigo aprendiendo y seguiré ejercitando mi cerebro por mucho más tiempo con este maravilloso, estructurado y, por qué no, complicado idioma, el cual se convirtió en mi pasión. Luego de descubrir este maravilloso universo de los idiomas, me he animado a aprender un par más. No debemos tener miedo de buscar en el baúl del olvido y rescatar ese sueño que aún puede hacerse realidad.

El segundo paso es diseñar tus propias estrategias y establecer objetivos. No intentes aprender todo el vocabulario de una sesión en un día; todo aprendizaje requiere práctica, paciencia y constancia. Crea hábitos como un horario fijo, escuchar un par de canciones al día, leer pequeños textos o cuentos infantiles y buscar allí las nuevas palabras aprendidas. Ese maravilloso hábito que tenemos los adultos de apuntarlo todo para no olvidarnos es de gran utilidad a la hora de aprender nuevas lenguas, pues incentiva nuestra memoria visual. Cosas como marcar los objetos de la casa o hacer la lista del mercado en el idioma que se aprende ayuda a retener la información y hace que nuestro cerebro asocie el objeto con la palabra; así, y sin pensarlo, estamos repitiendo una misma palabra muchas veces al día y nuestro léxico se enriquece de una forma sorprendente.

Quince minutos de aprendizaje al día son suficientes para alcanzar la concentración sin saturarnos. Si queremos hacer una rutina de más de 15 minutos, es aconsejable tomar una pequeña pausa para realizar cualquier otra actividad y luego retomar lo visto en la misma lección. Vamos un poco más lentos, pero seguros.

Nunca es demasiado tarde para comenzar. Toma tu primera lección completamente gratis.

Los cyberabuelos

Los cyberabuelos estamos de moda, así que el siguiente paso es encontrar la herramienta adecuada para nuestras necesidades. Babbel, por ejemplo, combina pedagogía y tecnología para facilitar el aprendizaje y es una manera sencilla de introducir lentamente una rutina a nuestra cotidianidad. Lo más importante es no apresurarse ni sentir temor por ir despacio. Tómatelo con calma y hazlo a tu ritmo, de esta forma disminuyen las posibilidades de que pierdas el interés y la motivación. Pregunta y pide ayuda para resolver tus inquietudes. En esto tenemos una gran ventaja y le llevamos la delantera a los jóvenes, pues no nos da miedo preguntar.

Ya no tenemos que memorizar largas listas de verbos, eso quedó atrás. Fija un número de verbos que consideras adecuado para aprender por día, pueden ser 3 o 5. Trata de recordarlos antes de dormir y escribe una o varias oraciones simples.

Si bien a los mayores de 50 nos puede tomar un poco más de tiempo aprender, contamos con armas poderosas como la disciplina, la tenacidad y la libertad que nos otorga el derecho de disponer de nuestro tiempo y adaptar el aprendizaje a nuestros gustos y necesidades. La experiencia de los años vividos nos faculta para comparar costumbres entre culturas, reglas sociales, laborales y políticas para comprender el idioma; nos facilita el contacto con nuestros iguales para conversaciones sin miedo al error, aceptando correcciones y sugerencias. Las ventajas de aprender un nuevo idioma son infinitas, los límites los fijamos nosotros y aunque el camino esté lleno de altibajos, sigamos adelante buscando siempre la satisfacción personal y nunca olvidando que querer es poder. Si yo pude, tú también puedes, te lo garantizo.

¡Nunca es tarde para aprender un nuevo idioma!

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