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El arte del café italiano

La cultura cafetera italiana puede ser desalentadora: todas las reglas no escritas, los diferentes nombres y las tradiciones confunden a cualquiera. ¡No te preocupes! Te presento todas las formas de disfrutar el café italiano.
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ESCRITO POR Laura Atie
El arte del café italiano

Ilustrado por Victoria Fernandez

En mi casa, siempre hemos sido amantes del café. En la casa de mis abuelos (nacidos en Milán) esta bebida es imprescindible. Cuando todavía era una niña, solían agregar un poco de café a mi leche de la merienda para mantenerme “viva”. Aún recuerdo claramente lo que solían decir mientras vertían el café de la olla a las tazas: insèma, sedént e bulént (juntos, sentados e hirviendo). Es un refrán tradicional que nos recuerda cómo disfrutar el café italiano correctamente: sentados, juntos, sorbiéndolo lentamente mientras está todavía muy caliente. Nada más y nada menos.

Ayer en el café, hoy en el bar

La cultura del café está bien arraigada en toda Italia. Desde el siglo XVIII, cuando los comerciantes árabes comenzaron a importar el café de Oriente Medio a Europa, los escritores e intelectuales solían reunirse alrededor de las mesas de los cafés italianos para leer, debatir sobre política y reflexionar sobre la sociedad.

La historia cuenta que el primer espresso se sirvió en Turín en 1884. Algo que le debemos a Angelo Moriondo, quien inventó el prototipo de la primera máquina de café. La patente de Moriondo se perfeccionaría en Milán a principios del siglo XX.

  • Facciamo una pausa-caffè?  (¿Hacemos una pausa para el café?)
  • Ci prendiamo un caffè?  (¿Tomamos un café?)
  • Ti offro un caffè.  (Déjame invitarte a un café.)
  • Vediamoci al bar.  (Te veo en el bar.)

Estas son las frases más comunes para expresar el deseo de relajarse y compartir. Aquí no estamos hablando de un pub, una cervecería o una cafetería: los bares son lugares de descanso y reunión diaria con una fisonomía bien definida, que manifiesta inequívocamente el carácter de la italianidad.

A menudo no hay tiempo para desayunar en casa. Así que, en cambio, te detienes en un bar de camino al trabajo y pides un caffè al volo (un café rápido), hay una razón por la que se llama espresso. Existen muchas variedades diferentes, por supuesto, dependiendo del tipo del grano, la mezcla y el aroma. Los conocedores pueden degustar diferentes variedades en cafeterías que tuestan sus propios granos.

Si quieres probar el verdadero café napolitano, no tienes más remedio que ir a Nápoles. También es agradable pensar que la tradición napolitana del caffè sospeso (café pendiente) se está extendiendo a otros lugares. Esta tradición consiste en pagar por tu propio café y por uno adicional para que sea regalado a alguien que entre y no pueda pagar por su café. Este acto casi diario de bondad resalta claramente la generosidad de los napolitanos.

¿Qué pedir en el bar?

Si quieres tomarte un espresso, no necesitas especificarlo en el bar: un café italiano siempre es un espresso. Un caffè corto (café corto) es el tipo de espresso más común. Es espeso, aromático y se sirve en una pequeña taza de cerámica. También puedes ordenar un doppio (doble). Por otro lado, el caffè ristretto es un espresso aún más concentrado, con una dosis de cafeína generalmente más baja. Si estás con los nervios un poco de punta, será mejor que te decantes por un deca (café descafeinado) o un caffè d’orzo, que es café hecho con cebada. A este también se le conoce como bevanda dei poveri/del contadino (la bebida pobre/campesina), un sustituto muy extendido durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el “verdadero café” era inalcanzable o demasiado caro.

Por el contrario, un caffè lungo (café largo) se hace con una medida de espresso y dos medidas de agua caliente: su sabor es un poco más suave, pero los efectos vigorizantes de la cafeína son generalmente más fuertes. Ahora bien, esto no lo mismo que el caffè americano: en este caso, se agrega agua hirviendo al gusto con una o dos tomas de espresso. Un último consejo, no confundas ninguno de estos con el café de filtro común, que se prepara de forma muy diferente. Los italianos comúnmente lo llamamos “agua sucia” y creemos que debería consumirse en casa, no en el bar.

Es común solicitar alguna variante. Un caffè macchiato es un espresso cubierto con espuma de leche. La leche puede estar fría o caliente, pero en este último caso, los clientes son quienes se sirven la cantidad deseada de una jarra pequeña que, normalmente, está en el mostrador junto al azúcar. Un marocchino o marocco (en el distrito de la moda en Milán, lo llaman Montebianco) es un espresso con un poco de cacao en polvo diluido con una medida de leche y un poco de espuma. A menudo se confunde con el mocaccino, que tiene capas visibles de café, chocolate (o licor de chocolate con un nivel de alcohol leve) y leche batida. En Puglia se conoce también como espressino.

Deliciosas alternativas al café simple

Un cappuccino es la mejor alternativa para desayunar en las mañanas: un espresso con leche entera y espuma de leche, servidos juntos en una taza grande. A algunas personas les gusta rociar una fina capa de cacao o canela en polvo sobre la espuma. Por supuesto, también puedes pedir un capuchino sin espuma; el cappuccino se puede servir blanco, proporcionalmente con más leche o más café (oscuro). En algunos bares, los clientes también pueden pedir sustitutos de leche a base de plantas (leche de soja, leche de arroz, leche de almendras, leche de avena, etc.). Esto es bastante común en el extranjero, ¿pero en Italia? Bueno, estamos trabajando en eso.

¿El acompañante ideal? Una frolla: no es un panecillo, sino algo más parecido a un croissant francés, servido con miel, relleno de gelatina de frutas, natillas, crema de chocolate o sin nada.

En verano, no hay nada mejor que un caffè freddo (café helado), que es el clásico americano con hielo, mientras que un caffè shakerato (café batido) es una alternativa deliciosa y refrescante. Se prepara mezclando un espresso corto en una coctelera llena de hielo con jarabe de azúcar, un chorrito de vainilla y crema irlandesa o Grand Marnier (si se desea). Después de batirlo un par de veces en la coctelera, esta deliciosa bebida cremosa está lista para servirse y disfrutarse en un elegante vaso de Martini.

La crema de café fría es una alternativa refrescante, preparada con el tradicional café hecho en moka, azúcar y crema fresca. En la misma línea, tenemos affogato al caffè, que es una bola de helado artesanal con sabor a vainilla o nueces, flotando como una isla en una taza de espresso. En invierno, es difícil resistirse a un caffè con panna, un espresso en una taza grande cubierta con una cucharada de crema batida casera. En cualquier caso, el café italiano preferido por los abuelos italianos es el caffè corretto, un café servido con un chorrito de licor, generalmente brandy, grappa, licor de anís o sambuca. Es genial para la digestión y te mantiene de buen humor.

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