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No todo va a ser gramática: el inglés también tiene su punto extravagante

Los cazadores de la clase acomodada en la Inglaterra del siglo XI hablaban raro, mira por qué...

Escrito por Cristina Gusano Sanz

Aprender inglés no se reduce a repetir canciones de los Beatles hasta la saciedad ni a memorizar composiciones gramaticales simples. Yo misma conozco varias expresiones chocantes y divertidas que terminé memorizando sin querer, como por ejemplo: don’t teach my grandmother how to suck eggs (no enseñes a mi abuela a chupar huevos), que viene a significar que no me cuentes cosas que ya conozco de sobra, una forma un tanto peculiar de decirlo, ¿no crees? Al aprender francés recuerdo que siempre quería utilizar el et voilà!, pero nunca sabía dónde colocarlo. Y cuando me sumergí en la lengua italiana los false friends me volvieron loca al principio, pero luego fue como un juego: calcio, autista y persiana son palabras con significados completamente diferentes. Aprender alemán ha sido el mayor reto, así que de eso hablaré en otro artículo pero, ¿y aprender inglés?

Al tratarse de una lengua tan práctica, fácil de aprender y con más reglas que excepciones, muchas veces hace que nos olvidemos de dedicarle unos minutos a sus detalles más originales, a sus curiosidades y hasta a sus extravagancias. Surprise! En inglés hay unas expresiones muy curiosas denominadas collective nouns (sustantivos colectivos) que usan palabras en singular para designar a un grupo determinado de cosas, animales o personas, y que solo tienen sentido si van juntas y si no se modifican.

¿A qué me refiero? A expresiones que en español son más bien aburridas y que utilizamos a diario como pueden ser: "un tramo de escaleras", "un rebaño de ovejas", "un fajo de billetes", "un racimo de uvas", "una flota de barcos" o "una pila de libros". Son expresiones hechas, ya que hablamos de bancos de peces y no de “manadas” de peces, mientras que en inglés los peces nadan en colegios, y digo yo, qué buenos alumnos deben ser estos peces para ir tan ordenaditos.

Para nosotros las aves van en bandadas en general, "una bandada de gaviotas", "una bandada de grullas", pero no tenemos un nombre colectivo específico para cada especie; en inglés, con suerte podremos avistar una representativa "antipatía de cuervos" o "un encanto de jilgueros". Además en el mar encontraremos "una bofetada de medusas", "un temblor de tiburones"… ¡Combinaciones muy acertadas!

En español hablaremos de "una jauría de lobos", de "una piara de cerdos" o de tener la casa hecha "una leonera", mientras que en inglés un grupo de canguros será "una mafia de canguros", muchas jirafas "un viaje de jirafas" y un gran caos será "un desorden de iguanas". ¿Qué nos habrán hecho los leones o las iguanas para creerles tan desordenados?

Y nos preguntaremos, ¿cómo una lengua tan sistemática, casi previsible, donde las palabras se componen sin ninguna originalidad puede haber dado lugar a estas expresiones tan interesantes?

Pues la razón de que haya tantos sustantivos colectivos relacionados con animales es sencilla: en los siglos que siguieron a la invasión normanda del año 1066, la clase dominante de Inglaterra pasó a ser francesa. Por esta razón, se pueden apreciar los motivos nórdicos mezclados en la decoración anglosajona y algunos toques anglonormandos, un dialecto del francés antiguo. No es ninguna novedad que el inglés beba y se nutra de otras lenguas pero, en este caso, la originalidad de los collective nouns se la debemos atribuir al francés.

Los conquistadores trajeron consigo su cultura, sus costumbres y su lengua. Por eso en inglés hay diferentes palabras para animales vivos y para sus equivalentes culinarios –los aristócratas no tenían tan claro la pinta que tenía un cerdo, una vaca o una oveja, pero estaban de sobra familiarizados con la ternera, la carne de cerdo o el cordero–. Pocas veces estos animales tendrán algo que ver con la vida de la clase acomodada, excepto en la actividad de cazar.

La caza en Inglaterra y Francia en los siglos XIV y XV fue tan popular que acuñó su propio vocabulario. Un caballero valiente podría cazar "un orgullo de leones" mientras que otro menos valiente podría apuntar a "una confusión de perdices". Una dama podría encontrarse con "un susurro de estorninos" o con "un bramido de camachuelos" en su paseo matinal. Estos términos proliferaron y se volvieron casi un juego, que muchos autores siguen practicando a día de hoy y con ellos se pueden caricaturizar muchas cosas, como el topar con "una incredulidad de cornudos", con "una guarida de ladrones" o con "una mafia de canguros".

De esta manera, el lenguaje de caza cortesana traído a Inglaterra por la clase alta francesa dio lugar a una serie de sustantivos colectivos muy originales y divertidos que hoy en día se siguen usando. "Una ilusión de magos", "una comedia de fallos", "un vuelo de dragones". ¿Te atreves a inventarte alguno? Es ponerle un poco de creatividad al asunto… et voilà!

Después de esto, no te queda otra que...

¡Seguir aprendiendo inglés!