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10 expresiones de Costa Rica que te harán querer ir allí

Costa Rica es uno de los países más exuberantes que visité. Te presento las 10 palabras y expresiones que me recuerdan a mis dos viajes por el país centroamericano.
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ESCRITO POR Aniko Villalba
10 expresiones de Costa Rica que te harán querer ir allí

Ilustraciones de Daniela Jiménez

Si te quedás parado, te pueden nacer plantas en la cabeza”, dicen de Costa Rica, uno de los países más exuberantes que visité. Te presento algunas palabras y dichos de Costa Rica que te harán querer ir allí.

1. “500 metros al norte”

Viajé a Costa Rica por primera vez en el 2008, sin teléfono celular ni GPS. Apenas llegué a la terminal terrestre de San José, busqué un teléfono público para llamar a Diego, un argentino amigo de mi prima que vivía en la capital y que había ofrecido alojarme en su casa. Cuando le pedí su domicilio, hizo silencio unos segundos y me dijo: “En Costa Rica las calles no tienen nombre ni número”. Me dio indicaciones, eran algo así: “Tenés que caminar 500 metros al norte hasta que veas un parripollo, ahí doblás y caminás 300 metros al este, vas a llegar a una zona de casas residenciales, la mía es la que tiene la pared color salmón y un poste en la vereda”.

2. Los ticos

Durante nuestras primeras conversaciones, Diego repetía una palabra que yo no había escuchado antes de conocer Costa Rica: ticos. Me animé a preguntarle quiénes eran los famosos ticos a los que se refería y me explicó que así se llamaba cariñosamente a los costarricenses. El vocablo tico surgió en el siglo XIX, durante la Campaña Nacional, cuando los combatientes de los países aliados de Costa Rica notaron que los soldados costarricenses usaban el diminutivo ico/ica y se referían a sus compatriotas como “los hermaniticos”.

3. Parques nacionales

Parques Nacionales en Costa Rica

Es un cliché hablar de Costa Rica y usar la palabra “naturaleza”, pero es que en un país donde casi un cuarto del territorio está conformado por reservas, es casi imposible hacer un viaje y no conocer al menos un parque nacional. Después de pasar unos días en San José, me encontré con mi amiga Belén y nos fuimos a recorrer la costa del Pacífico. Costa Rica tiene el 5 % de la biodiversidad que existe en el planeta y, en el Parque Nacional Manuel Antonio, vi por primera vez en mi vida mapaches, osos perezosos, monos titís y monos capuchinos en su hábitat natural.

4. Mono aullador (o el falso jabalí)

Por recomendación de algún viajero que nos cruzamos en el camino, Belén y yo fuimos a conocer las cascadas de Montezuma, en la península de Nicoya. Para llegar a las cascadas nos metimos en un sendero que atravesaba una zona de selva. Mientras caminábamos escuchamos un rugido detrás que nos asustó. Salía de entre los matorrales y, según nosotras, parecía un jabalí enojado. Cuando el rugido volvió a sonar a pocos metros de nuestros talones, mi amiga salió corriendo y desapareció entre la vegetación. Siempre le echaré en cara que me dejó sola con el jabalí. Tiempo después supimos que se trataba de un mono aullador, una especie que hace mucho ruido pero no suele bajar de los árboles.

5. Lava

Lava en Costa Rica

No creo que me lo olvide nunca: pasé mi cumpleaños número 23 mirando cómo un hilo de lava se deslizaba por la pendiente de un volcán, en medio de la oscuridad, y se ramificaba en la noche como venas naranjas. Belén y yo habíamos ido a pasar unos días a La Fortuna, el pueblo a 8 kilómetros del volcán Arenal, y, como regalo de cumpleaños, decidimos disfrutar de las aguas termales y visitar el volcán de noche. Al parecer, la última erupción del Arenal fue un 29 de julio, día de mi cumpleaños, pero de 1968.

6. “Está largo”

Cuando pienso en aquel primer viaje a Costa Rica, se me vienen a la mente las horas que Belén y yo pasamos en la ruta, haciendo trasbordo de un bus a otro, cruzando de pueblo en pueblo en ferry. Si bien la superficie de Costa Rica no es tan extensa como la de otros países de América Latina, su topografía es tan variada que en un mismo camino puede haber selva tropical, playa, montañas, ríos y rutas de piedra. Por eso, si bien todo parece cerca en el mapa, los recorridos suelen llevar más horas de las planeadas. Y, en Costa Rica, un lugar no está lejos: “está largo”.

7. Atardeceres en la playa

Atardeceres en la playa

Volví a Costa Rica casi diez años después de aquel primer viaje, para visitar a mi mejor amigo argentino, que había decidido instalarse en un pueblo en la península de Nicoya, en la costa del Pacífico. Mi marido y yo nos quedamos un mes en la posada en la que trabajaba mi amigo y repetimos el mismo ritual todas las tardes: entre las 5 y las 6 dejábamos de hacer lo que estuviésemos haciendo y nos sentábamos a mirar el sol caer sobre el mar. A veces desde la terraza del hotel, a veces desde la playa más cercana. Nuestros días en Costa Rica estuvieron repletos de atardeceres rosas y naranjas.

8. Cangrejos

Los vimos aparecer por primera vez después de la lluvia. Fue como si hubiesen salido de repente de la nada, en masa. Había llovido varias horas seguidas y la ruta del pueblo se llenó de cangrejos. Se metieron en nuestra habitación —escuchamos sus patitas moviéndose a toda velocidad contra el piso de cerámica—, se metieron en nuestras mochilas, nos tocaron el dedo gordo del pie. Cada vez que salía uno de la habitación, entraba otro, como si hicieran un relevo. Si hubiese grabado una banda sonora de nuestros días en Costa Rica, las patitas de cangrejo moviéndose a toda velocidad por el piso hubiese sido una de las pistas principales. Eso, y el sonido de los monos aulladores al amanecer y la orquesta sinfónica de insectos durante la noche.

9. El gallo pinto

Cuando algo es muy costarricense, se dice que es “más tico que el gallo pinto”. El gallo pinto es un plato que se puede comer en cualquier momento del día, aunque suele aparecer más que nada durante el desayuno. Sus ingredientes básicos son arroz y frijoles, pero en cada región tiene sus variantes: en el Caribe se cocina con leche de coco, en el valle central se condimenta con chile y cebolla, en Guanacaste se hace con frijoles rojos. El gallo pinto es parte de la gastronomía del continente americano y se considera uno de los platos más típicos de Costa Rica y Nicaragua.

10. Pura vida

La expresión que más veces escuché durante mis viajes por Costa Rica y que siempre me recordará al país y su gente es “pura vida”. El “pura vida” se usa para saludar, para decir qué tal, para responder que están bien, para despedirse. La expresión está tan ligada a la cultura y el lenguaje que es una de las señas más características de la gente y muestra la forma particular que tienen los ticos de ver el mundo. La frase está vinculada a la gran biodiversidad del país y simboliza la felicidad, el optimismo, la abundancia y el arte de apreciar lo sencillo y lo natural.

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