¿Puede la lengua francesa adaptarse a los pronombres de género neutro?

El pronombre de género neutro ‘iel’ se agregó recientemente a un importante diccionario de la lengua francesa. Esto ha generado fuertes reacciones.
¿Puede la lengua francesa adaptarse a los pronombres de género neutro?

En muchos idiomas cuya gramática aún no ha incorporado pronombres neutrales en cuanto al género (tarea de la que se salvan, por ejemplo, el indonesio y el turco, pues solo tienen un pronombre para todos los casos), esta estrategia de inclusión no pasa de ser una ocurrencia muy reciente que aún debe pasar por varias etapas para ganar una aceptación generalizada. Cuando la revista Babbel compiló una guía con varios pronombres de género neutro en otros idiomas en 2018, los pronombres sin género más utilizados en francés eran iel e ille. En ese momento, no era probable que fueran reconocidos fuera de los espacios LGBTQ+. Aunque todavía son usados por una minoría de hablantes de francés, el paradigma comenzó a cambiar muy rápidamente después de que iel fuera agregado a Le Robert, un importante diccionario de francés, en octubre de 2021.

Las reacciones ante esta decisión han sido de todo tipo salvo neutras. De hecho, parece que las tres letras consiguen ilustrar muy bien la gran brecha generacional que existe actualmente en Francia. Todo parece indicar que los jóvenes apoyan el cambio hacia un francés más inclusivo, mientras que las personas mayores condenan este movimiento como una profanación del idioma.

Gran parte del rechazo proviene de personajes políticos prominentes —como François Jolivet, un diputado de centro del parlamento francés—, que afirman que los pronombres no binarios han sido importados de una ideología estadounidense “woke” (es decir, “despierta”, y denominada wokisme en francés). Después de prohibir la enseñanza de la escritura inclusiva en las escuelas a principios de 2021, el ministro de Educación francés, Jean-Michel Blanquer, también tuiteó que “la escritura inclusiva no es el futuro de la lengua francesa” y que la entrada de iel en el diccionario no debía considerarse una referencia válida para los escolares.

Una larga tradición de conservadurismo envuelve al francés. Esto se debe en gran parte a la influencia de la Academia Francesa, una institución de casi 400 años de antigüedad que establece estándares lingüísticos y actúa como guardián del idioma, principalmente para protegerlo de la influencia extranjera. En 2017, la Academia Francesa advirtió que el intento de hacer el francés más inclusivo en cuanto al género neutro en francés conduciría a “un idioma desunido, dispar en su expresión, que crea una confusión que raya en lo ilegible”. Ese mismo año, el entonces primer ministro Edouard Philippe prohibió el uso del francés neutral en cuanto al género en todos los documentos oficiales del gobierno.

Thomas Liano, experto en DE&I (Diversidad, Equidad e Inclusión) de Babbel y candidato a doctorado en literatura francesa, afirma que esta discusión es parte de un “discurso mucho más amplio sobre escritura inclusiva que ha estado [en] el primer plano de los medios franceses durante los últimos 5 a 10 años y monopoliza a los mismos actores: la Academia Francesa, un organismo muy conservador [que ha sido dueño] del idioma francés desde el siglo XVII, un gobierno bastante conservador socialmente que está obsesionado con que ‘sea demasiado complicado para los niños’, y un entorno mediático donde los asuntos lingüísticos suelen discutirse públicamente”.

Cómo iel entró en el diccionario de francés

Iel es un acrónimo del pronombre masculino il y el pronombre femenino elle (iel se pronuncia como “yell” en inglés). El término ha estado ganando terreno durante años en las redes sociales y en varios textos. Fue precisamente este “uso creciente” del pronombre lo que hizo que el diccionario Le Robert decidiera crearle una entrada.

Como explicó en un comunicado el director general de Le Robert, Charles Bimbenet, “la misión de Le Robert es observar la evolución de un idioma francés que fluye”. Agregó que “el significado de la palabra iel no se puede entender con solo leerla… nos pareció útil especificar su significado para aquellas personas que se encuentren con ella, ya sea que deseen usarla o rechazarla”. Bimbenet agregó que hasta el momento la mayoría de los comentarios han sido positivos.

Esto sigue completamente la lógica en la que se basan los editores de diccionarios de todo el mundo a la hora de decidir qué nuevas palabras se deben agregar al diccionario. Si una palabra nueva se ha mantenido durante algunos años, o si rápidamente se está poniendo de moda o legitimándose a través de otros medios, los editores de diccionarios pueden optar por darle el estatus de “oficial”. En última instancia, los diccionarios están destinados a servir como una guía de navegación de los diferentes idiomas tal y como existen en la vida real.

“Creo que el objetivo de un diccionario es reflejar el estado de la lengua, y no dirigir su desarrollo”, afirmó Liano. “También creo que todo este discurso olvida de manera alarmante que lo que está en juego es la vida de personas reales, de personas que existen, y no solo la lingüística. Y que aunque sea obvio para todo el mundo que se trata de un debate político, darle un enfoque solo lingüístico es muy problemático”.

El caso del hen sueco

Puede ayudar a poner las cosas en perspectiva recordar el caso del sueco. Este idioma incorporó con éxito un nuevo pronombre de género neutro, pero esta iniciativa, al menos inicialmente, fue rechazada desde una posición reaccionaria.

Se cree que el pronombre sueco de género neutro hen se acuñó en los años 60. En las décadas posteriores, y particularmente a partir del año 2000, comenzó a hacerse común en los medios de comunicación, el Parlamento, la comunicación cotidiana y los textos oficiales. Aunque al principio se recibió con escepticismo al creer que su uso no permitiría distinguir con claridad a quién se refería, hoy en día casi todo el mundo entiende perfectamente hen en Suecia.

Por supuesto, el sueco y el francés no son perfectamente comparables, ni a nivel lingüístico ni a nivel cultural. No existe un género neutro en francés gramatical: todos los sustantivos deben codificarse como masculinos o femeninos. El sueco, por su parte, solo tiene dos géneros gramaticales: común y neutro. Ningunos de ellos corresponde al género humano. Los sustantivos “hombre” y “mujer” en realidad tienen el mismo género gramatical, pero todavía se hace referencia a las personas como han (él) y hon (ella), y ahora, en algunos casos, como hen (usado como el pronombre neutro they del inglés).

Aun así, originalmente hen comenzó a existir de manera similar al iel francés. Durante décadas se usó casi exclusivamente dentro de pequeños círculos académicos y de activistas, y no llegó a la conciencia general sin generar primero una gran polémica cultural. En Suecia algunas personas creían que la aceptación de un pronombre de género neutro pondría a temblar los cimientos mismos de su orden del mundo. O, en el mejor de los casos, se vio como una intrusión innecesaria llevada a cabo para hacer una declaración política.

Pero además de brindar a las personas no binarias una forma de reconocerse a sí mismas en su propio idioma, el pronombre hen también resultó extremadamente útil para todas las ocasiones en las que los hablantes quieren referirse a una tercera persona cuyo género es desconocido o irrelevante para la conversación.

El asunto con el género neutro en francés

Hay algunas razones específicamente francesas por las que una parte de esa sociedad opone tan fuerte resistencia a la idea de los pronombres de género neutro en francés. Esta obedece tanto a una consideración gramatical, que teme los obstáculos propios del idioma francés, como a una consideración cultural, que rechaza lo que puede parecer una forma estadounidense de política de identidad.

Éric Gillaux, Content Marketing Manager de Babbel, dijo que esta discusión se está utilizando, al menos en parte, como un instrumento político de controversia para influir en los votantes antes de las próximas elecciones.

“La conversación en torno a iel no es un debate, por lo que puedo percibir, sino un tema más de ‘wokisme’ que los políticos están sacando por todas partes como un espantapájaros [a] solo cuatro meses de las elecciones”, afirma Gillaux.

Sin embargo, los pronombres no binarios también representan una amenaza para la idea de sí misma que tiene Francia como una sociedad universalista igualitaria y que no distingue colores ni razas.

“Francia está muy en contra de la política de identidad. En este contexto, los discursos antirracistas, feministas o queer suelen leerse como excesivamente identitarios y, en consecuencia, opuestos a los valores universalistas y democráticos franceses”, sostiene Liano. “Entonces, de alguna manera, esto también es una especie de catalizador para un discurso anti-trans que no está muy lejos del discurso TERF del  Reino Unido.”

“Aparte de eso, es una cuestión social: dado que el feminismo de tercera y cuarta ola realmente no alcanzó a llegar al amplio segmento de la mayoría de los ciudadanos, la concepción de género neutro en francés suele ser muy estrecha. Incluso las personas progresistas tienden a no saber qué hacer con las identidades no binarias, ya que una gran parte de la izquierda sigue enfocada en el género binario”.

Como explicó el profesor William Ravon de la Universidad de Yale en el Yale Daily News, la oposición a iel no se puede clasificar con claridad dentro del espectro político, ya que el pronombre implica una reconstrucción tan monumental de la lengua que también es rechazado por algunas personas queer y cisgénero.

Finalmente, a diferencia del inglés, en el que el uso de “they” se ha hecho cada vez más común, en el francés no resulta tan fácil integrar el iel. Para este idioma el género gramatical, lejos de limitarse a los pronombres, se extiende a los adjetivos, verbos, sustantivos y participios pasados.

“Al usar iel sigue sin resolver la pregunta de qué se debe hacer con el resto de la oración, estructuralmente hablando”, explica Liano. “Entonces, el uso de iel abre preguntas lingüísticas relevantes e implica un replanteamiento significativo de la estructura lingüística francesa”.

“Y, además, creo que al luchar contra el iel, nos estamos negando a abrazar lo que podría ser la característica más interesante de una lengua: su capacidad de evolución, de invención y de adaptación a las necesidades y la realidad de sus hablantes”, observa Liano. “Ese es justo el objetivo de la literatura, y lamento que un país con tanto orgullo por su herencia cultural rechace el mismo principio que hizo que su literatura fuera tan relevante durante siglos”.

Este artículo se publicó originalmente en la edición en inglés de la revista de Babbel.

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