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Mi hermano y yo empezamos a aprender idiomas juntos desde que teníamos ocho años. Ahora que cada uno de nosotros habla más de 9 idiomas, al mirar hacia atrás me doy cuenta claramente de que tener un compañero para estudiar es una gran ayuda, pero tener un rival es una motivación aún mayor.

Escrito por Michael Youlden

Así como entrenar con alguien nos ayuda a cumplir con la rutina de ir al gimnasio, aprender un idioma con un compañero puede hacer que sea más fácil. Y si nuestro compañero sabe más que nosotros o hace mayores progresos, ¡eso te hace hervir la sangre! Una sana rivalidad siempre es útil a la hora de aprender idiomas. Tener un rival amistoso o un compañero con quien competir puede hacer muy divertido el aprendizaje.

Mi hermano y yo éramos adolescentes cuando me percaté por primera vez de cuán importante era él para mi aprendizaje. Nuestros padres habían hecho una reserva para ir de vacaciones a Portugal y, para prepararnos para el viaje, Matthew y yo sacamos prestado un cursillo de portugués de la biblioteca local. Comenzamos a estudiar juntos, escuchando los casetes y compartiendo el libro. Nos turnábamos para hacer los ejercicios. Pocos días después de haber comenzado a estudiar portugués, llegué a casa después de un extenuante entrenamiento de fútbol justo para descubrir que Matthew ya había terminado el capítulo 4 después de su entrenamiento de baloncesto… Aunque estaba agotado, ¡tenía que alcanzarlo! Si me rendía, no solo me defraudaría a mí mismo, sino que también lo decepcionaría a él. Esta es la esencia de una buena rivalidad: exige un equilibrio. Los rivales que están sintonizados son en realidad compañeros, pues cada uno necesita del otro para dar lo mejor de sí.

Cuando tienes la oportunidad de estudiar en compañía, básicamente duplicas tus recursos. No solo cuentas con una persona que puede ayudarte con cualquier pregunta, sino con alguien con quien conversar diaria o semanalmente en el idioma que has elegido. Incluso la sola presencia de tu "rival" puede aumentar tu motivación: es más probable que sigas estudiando si notas los progresos de tu compañero, y cada uno le recuerda al otro sus obligaciones y propósitos. Si habías decidido que estudiarías por la tarde, pero en realidad necesitas hacer una siesta y estás tentado a posponer tu sesión de estudio para el día siguiente, tu compañero o rival se enterará rápidamente de ello. Naturalmente, la rivalidad tiene que ser siempre profesional: justa y, sobre todo, sana. ¡Sin trampas ni malicia!

Estudiar con un compañero no implica necesariamente que ambos tengan que aprender el mismo idioma. Puede ser igual de entretenido y útil si estudian un idioma diferente. Por ejemplo, actualmente estoy aprendiendo húngaro y albanés, mientras que Matthew está aprendiendo holandés y papiamento. Hemos aprendido muchos idiomas juntos a lo largo de los años, pero a veces nuestros intereses son divergentes. No obstante, siempre podemos ayudarnos mutuamente a poner a prueba nuestros conocimientos repasando vocabulario, haciendo las preguntas que salen en el libro, etc. En estos casos no es imprescindible que el que hace las preguntas sepa el idioma. Un buen compañero es alguien que está dispuesto a ponerte a prueba y que no se deja engañar con tus malas excusas.

Me encantaría aprender holandés y papiamento en el futuro, y estoy seguro de que Matthew igualmente querrá aprender la lengua materna de Bartok y de Kadare. Cuando llegue el momento, será de gran utilidad contar con un compañero que ya comprende el idioma que uno desea aprender.