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La vida es demasiado corta para aprender alemán, ¿verdad?

¿Quieres aprender a hablar alemán, pero como principiante no sabes por dónde empezar? ¡Aquí tienes todos los consejos que una eterna estudiante te puede ofrecer tras haber probado de todo!
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La vida es demasiado corta para aprender alemán, ¿verdad?

Ilustrado por Elena Lombardi

Alguien, sinceramente, no recuerdo quién, dijo que la vida es demasiado corta para aprender a hablar alemán. Una frase con la que no estoy de acuerdo: la vida será corta, pero el tiempo dedicado al estudio del lenguaje de Goethe siempre será bien empleado. Aunque a menudo parezca que no hay progresos y que esos sonidos y palabras tan largas estén más allá de nuestras capacidades.

Sin embargo, antes de comenzar con los consejos de una estudiante eterna (o sea, yo) debo hacer una premisa: estudiar alemán requiere un esfuerzo extra y más dedicación y fuerza de voluntad que otros idiomas como el inglés o el francés.

Seguramente por tu mente circulen preguntas del tipo:

¿Pero cómo? Tú, que vives en Alemania desde 2011 y todavía no puedes tener una conversación con sentido, ¿vienes a sermonearme?

Tienes razón, pero solo en parte. Es cierto, vivo en Berlín desde hace un tiempo, pero si aún no hablo de manera fluida, es únicamente por culpa mía (porque, señoría, las habilidades están, pero no las aplico). Y sin embargo, créeme, desde que comencé a estudiar unos minutos al día con Babbel, por fin he visto progresos.

Aquí está mi consejo para abordar el estudio del alemán de una manera inteligente sin tener miedo ni desanimarse. Antes de empezar, ten en cuenta que esta lista está diseñada para aquellos que son principiantes como yo, así que si ya has alcanzado un nivel medio… ¡no te pares aquí y continúa tu camino!

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1. Errare humanum est…

…perseverare autem diabolicum!

Si no supiera que esta frase se le atribuye a Cicerón, diría sin titubear que fue pronunciada por algún alemán con buen sentido del humor.

De humanos es errar; de necios, perseverar en el error”.

Oh, sí, el idioma alemán es complicado. Un lenguaje sesudo, donde las palabras llevan un orden que aparentemente no tiene sentido, que utiliza los temidos casos (he vuelto a soñar con las lecciones de latín del instituto), que tiene algunos verbos separables donde los prefijos y sufijos bailan al juego de las sillas (¿te acuerdas? Creo que también he tenido algún sueño con eso…) e inventa palabras largas, muy largas, interminables…

El secreto está en ser necio y perseverar a pesar de los errores que seguramente cometerás. ¿Quieres la verdad? Al principio no entenderás nada. Pero cero. No serás capaz de encontrar ninguna conexión con los idiomas que ya conoces, no tendrás referencias ni puntos en común y, tal vez, perderás la esperanza, cerrarás el libro y te darás un paseo.

Te lo digo desde el corazón: aprieta los puños y resiste. El día en el que puedas intercambiar unas palabras sencillas en una conversación corta con una persona local, llorarás de felicidad. Y también te sentirás un poco “necio por perseverar”.

2. Contextos y asociaciones

El alemán es difícil, creo que ya lo he mencionado un par de veces. Las palabras son largas y no tienen nada que ver con lo que conocemos. Ya lo sé, también lo he dicho. Pero es útil reiterar.

Al igual que también es útil tratar de reducir las palabras a su contexto idóneo, por ejemplo, a través de la asociación con algo que te resulte más fácil o empezando por una temática que te interese especialmente.

Yo, por ejemplo, soy hipocondríaca. Al tener que sobrevivir en Alemania, lo primero en lo que pensé fue en las llamadas a urgencias. De ahí que comenzara con las partes del cuerpo y las enfermedades. Vale, lo sé, tal vez te parezca un enfoque bastante extraño, pero te aseguro que recuerdo casi todo a la perfección. Si te centras en cosas útiles y que te vayan a servir, lograrás tener más ganas de aprenderlas.Todo resulta más fácil si aplicamos un par de trucos.

Lo importante es evitar estudiar de una lista estéril de palabras que te llenará la cabeza solo de confusión.

Un momento, ¿te estás preguntando si mis (escasas) conversaciones solo tratan sobre visitas a médicos o solicitudes de primeros auxilios? ¡Por supuesto que no! Gracias a este método, he aprendido también números, vestimenta, comida, colores…

3. Oda a lo esencial

Piensa en lo que haces todos los días, tus acciones o las palabras que intercambias con tus amigos, y haz una lista. ¿Cuáles son los temas tratados con mayor frecuencia? ¿O las preguntas que surgen regularmente en tus conversaciones?

Como dije en el punto anterior, comienza con lo que necesites. No pierdas el tiempo estudiando y repitiendo listas de verbos y palabras, al estilo de los poemas que te hicieron aprender para el recital de Navidad del colegio. Parecerá que tu memoria está haciendo un trabajo inmejorable durante unos días o unas pocas horas y luego, lentamente, las cosas que has aprendido diligentemente se desvanecerán. ¿Por qué? Simple: no las necesitas y, por tanto, no las usas. Por eso, tarde o temprano, tu mente dejará espacio para otra cosa. En otras palabras, todo tu esfuerzo desperdiciado.

Determina qué palabras y verbos necesitas de inmediato. Ve a lo seguro y elige la simplicidad; encuentra el contexto correcto para todo lo que estás estudiando, aplícalo a la vida real y no pierdas el tiempo con sinónimos y matices, eso vendrá después.

Un truco adicional que mi colega Ed me enseñó: los verbos modales son la clave de todo. Si aprendes cómo conjugarlos correctamente (al menos en presente, pasado y futuro), serás capaz de componer oraciones simples de manera natural. Y luego… ¡ya veremos!

4. El artículo antes que nada

Además de los casos y del orden de las palabras, el artículo definido parece vivir también de manera independiente. En primer lugar, los nombres no son solo masculinos y femeninos. También existe el género neutro, que no tiene por qué ser algo malo. El verdadero problema es que el género del sustantivo casi nunca seguirá tu lógica.

  • ¿Es la manzana femenina? NO.
  • Pero la falda seguro que sí. NO.
  • ¿Y los pantalones? Está claro que son masculinos. NO.
  • Pasemos al artículo neutro: seguramente los nombres como leche, aire, hambre… serán neutros, ¿no? NO.
  • Renuncio. La lógica, en este caso, no funciona.

El único recurso para intentar aprenderlo correctamente es acostumbrarse a memorizar los sustantivos junto con su respectivo artículo. O, como lo suelo hacer yo, recordando imágenes divertidas como “las pantalonas”, “el meso”, “la puenta”… Sí, lo sé, ¿soy o no soy un genio?

5. Repasa como si no hubiera mañana

Muy importante. Para asegurarte de que algo de este maldito alemán se te queda en la cabeza, es INDISPENSABLE repasar. Solo te pido 10 minutos al día: toma nota de esas palabras que te resultan más complicadas e insiste en ellas. Si no te apetece escribir, utiliza la app de Babbel, es como si te leyera la mente, puesto que te pedirá que hagas hincapié en las palabras que no puedes recordar. Y hasta que no las recuerdes… no te rindas.

Pruébalo y te convencerás.

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