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Las 10 fases por las que uno pasa al aprender un idioma

Ya estamos ahí: hemos decidido aprender un idioma nuevo. ¡Bravo!

Escrito por Giulia Depentor

Ilustración de Ale Giorgini


Da igual si somos nuevos en el mundo de los idiomas o si somos políglotas veteranos, el proceso que hay que seguir siempre es el mismo y en la mayoría de los casos sigue unas etapas bien definidas.

Por ello no hay que asustarse si, en un momento dado, nos dan ganas de dar la batalla por perdida o si por el contrario nos emocionamos cuando podemos decir una frase entera sin un fallo, pero luego nos damos cuenta de que aún queda mucho por hacer.

Errare humanum est, como decían nuestros amigos latinos. Equivocarse es normal, nos pasa a todos. El secreto está en la perseverancia. Eso y solo eso es lo que nos ayudará a llegar hasta la última etapa: el triunfo.

1. Entusiasmo

Siempre se empieza así. Da igual lo que nos ha llevado hasta aquí, si el placer o la necesidad, el debut en este nuevo mundo inexplorado estará lleno de juramentos, propósitos, fuerza de voluntad y motivación intacta. Veamos cómo continúa…

2. Obsesión

Después llega un breve período en la que nuestra existencia consiste casi exclusivamente en adentrarse en ese nuevo idioma y cultura. A mí esto me pasa siempre. Mientras estudiaba francés, decidí que todo lo que hiciera en mi vida cotidiana tenía que adquirir un sabor parisino y sofisticado: fue la época en la que en mi armario rebosaban camisetas a rayas y en la que mi cultura sobre el cine francés creció de manera exponencial. ¿Exagero? Bueno, ¡lo que importa es que al final aprendí francés de verdad!

3. Desorientación

Superada la fase obsesiva, llega el momento de empezar con el estudio intenso y verdadero. En esta etapa es en la que se muestran los primeros agotamientos y la primera sensación que se apodera de nosotros es el pánico: nada de lo que hemos estudiado parece fijarse en nuestra memoria. Las palabras son demasiado diferentes a las nuestras, ya no sabemos qué trucos usar para memorizar algo. Y ni hablar de la conjugación de los verbos. La tentación de darse por vencido y escapar a un lugar muy lejano es muy fuerte llegados a esta fase.

4. Timidez

Sí, ya es de sobra conocido que para aprender una lengua de verdad hace falta ponerla en práctica, de ser posible, con nativos de ese idioma. Dicho así, parece fácil. Hacerlo… es otra cosa. La verdad es que todos somos incurablemente tímidos y nos cuesta demasiado ponernos a prueba y mostrarnos vulnerables. El secreto es hacerse esta pregunta: ¿qué pasa cuando nos equivocamos? La respuesta acertada es ¡absolutamente nada!

5. Incomprensión

Normalmente pasa lo siguiente: después de conseguir el coraje para tirarnos a la piscina, hemos repetido cien veces lo que queremos decir en nuestra mente y lo hemos ensayado delante del espejo, intentando darnos un aire misterioso/comprensible. Por fin tenemos la ocasión de demostrar todo aquello que hemos aprendido, ya sea con la cajera del supermercado, con alguien que pasa por la calle o con el camarero del restaurante, y ya estamos pensando en la sensación de satisfacción que nos inundará tras mantener estas conversaciones. Sin embargo, lo que realmente sucede es más o menos lo siguiente: después de haber pronunciado la frase de forma casi perfecta y con una gran sonrisa en la cara, el interlocutor responde y no entendemos NADA.

6. Frustración

Llegados a este punto, solo podemos decir o pensar lo siguiente: “¡¿Pero cómo puede ser?! ¡Hace ya meses que estudio y todavía no entiendo nada cuando la gente me habla! ¡Soy una persona nula para los idiomas! ¡Me rindo!”

7. Revelación

Después… se produce la magia. Sucede de modo inesperado, normalmente cuando ya ni lo estamos esperando, ¡de repente empezamos a entender! Todo parece estar en orden y las ganas de escapar corriendo desaparecen. Si alguien nos pregunta por una calle ¡no pasa nada! Hay que echarle ganas y valor y dar la información necesaria. Vamos hombre, ¡ahora parece todo facilísimo!

8. Emoción

Es en este punto en el que uno empieza a socializar en el nuevo idioma de manera natural e improvisada y la timidez se pierde por completo. Empezamos a hablar, a hablar sin parar, sin miedo a ninguna consecuencia. Qué bonito, ¿verdad? Eso sí, tenemos que acordarnos de no bajar la guardia, el peligro sigue acechando…

9. Vergüenza

¡Y luego pasa lo que pasa! Nos hemos vuelto tan seguros de nosotros mismos que ya nadie ni nada nos para… Y es aquí cuando suceden las cosas más graciosas: una palabra mal usada, un verbo en el lugar de otro, una forma de decir algo que en realidad no existe… ¡Pero no pasa nada! Los errores nos ayudarán para hablar mejor en el futuro.

10. Triunfo

Ya está hecho. El idioma nuevo que hemos aprendido ya no tiene secretos para nosotros. Por fin podemos entenderlo todo y tener conversaciones satisfactorias. Además, ha llegado el momento de reírse de los errores que cometíamos unos meses atrás. ¡Bravo! Lo habíamos prometido desde el principio, ¡lo más importante es tener constancia!

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