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¿Por qué c&@$#/°s decimos palabrotas?

¿Qué son las palabrotas? ¿Y por qué las usamos? ¿Qué le pasa a tu cerebro cuando sueltas palabras malsonantes? Desde Brooklyn, Nueva York: la ciencia de las palabrotas.

Escrito por Katrin Sperling

“La estúpida y retorcida forma de maldecir y profanar es un vicio tan dañino y rastrero que cualquier persona en sus plenas facultades lo detesta y lo menosprecia.”

  • George Washington

“Se me ha acusado de ser vulgar. Me importa una mierda.”

  • Mel Brooks

Ya seas una persona que está completamente en contra de las palabrotas y la blasfemia como George Washington, o una persona que se le llena la boca de tacos sin disculparse, como Mel Brooks, no podrás negar que los tacos son una parte importante de la comunicación humana. Dejemos nuestras reacciones (buenas o malas) a un lado y echemos un ojo a este tema desde un punto de vista más calmado y científico.

Advertencia: este artículo contiene suficientes palabrotas como para que sea clasificado para mayores de 18 o, como sucedía en otras generaciones, para que tenga dos rombos. Pero bueno, ¡no se puede hacer una tortilla sin antes romper los putos huevos!

¿Qué hace que una palabra se convierta en una palabrota?

Palabras “guarras”

Para que una palabra sea considerada palabrota tiene que tener potencial para ofender, para cruzar la fina línea que lleva a un territorio “censurado”. Como regla general, las palabrotas o groserías se pueden relacionar directamente con temáticas tabú. Esto tiene sentido: si los temas son tabú, las palabras relacionadas con esos temas tampoco deberían ser pronunciadas. Algunos lo son en casi todas las partes del mundo: muerte, enfermedades, excrementos… ya sabes, cosas desagradables y/o asquerosas. El sexo pertenece también a este grupo de temas prohibidos, como bien ejemplifican el “fuck!” en inglés, el “fanculo!” en italiano y el “блядь!” en ruso.

Pero los temas preferidos para profanar tienen diferentes enfoques dependiendo de la cultura. Los alemanes no se preocupan tanto de la temática vinculada con el sexo y el nudismo, así que no usan demasiadas palabrotas relacionadas con temas sexuales. Estas palabras se dicen tan raramente que todavía tienen el poder de hacer que la gente sienta vergüenza al escucharlas. Como consecuencia, el verbo “ficken” suena en alemán mucho más fuerte que su equivalente en inglés, “fuck”, al cual están mucho más acostumbrados. Las palabras malsonantes en alemán se reducen a cosas relacionadas con lo escatológico: “Kacke!”, “Mist!” y la más famosa a nivel internacional “Scheiße!”, que se usa tan a menudo que ya es casi inofensiva.

Contexto

Pero el tema al que la palabrota pertenece no lo es todo: el contexto también juega un papel importante. El sexo puede ser un tema tabú, pero no lo es en la consulta del ginecólogo. Y si, por ejemplo, empiezas a insultar a alguien con términos médicos, tu víctima estará confundida y no sabrá cómo reaccionar: “¿Me acabas de llamar gili-órganos reproductores masculinos?” Con los amigos puede que sueltes alguna palabra malsonante que otra y que eso quede bromista y divertido, pero no sería igual si esas mismas palabras las dijeras en una entrevista de trabajo, ¿verdad?

Blasfemia

Todo lo relacionado con lo religioso o sagrado forma una nueva categoría de insultos: la blasfemia. Por ejemplo, “Dios”, “infierno” y “Jesús” son inofensivas en el contexto de un sermón religioso, pero pueden ser palabras muy groseras si se gritan con enfado. En España e Italia no se abusa demasiado de este tipo de palabrotas ya que son países tradicionalmente muy religiosos.

¡El poder de §/°%^"!

Igual que los antibióticos, decir demasiadas palabrotas puede dejar de hacer efecto. En muchas series americanas de la televisión privada maldicen sin parar con frases como “¿Qué cojones te pasa?” o la famosa escena de The Wire que sirvió como respuesta a los puritanos que criticaban las palabras malsonantes de la serie y en la que usan la palabra “fuck” más de una veintena de veces.
https://www.youtube.com/watch?v=8qMsw58K_9o
https://www.youtube.com/watch?v=W0tGL-vhybg
Estamos tan expuestos a estas expresiones que, puede que llegados a un punto, nos volvamos algo así como inmunes a ellas. Los tabús cambian y las palabrotas no son menos.

Algunos tabúes desaparecen, pero de la misma manera la sociedad crea algunos nuevos. Según se van superando los problemas relativos a la homosexualidad o a las diferentes razas, algunas palabras como “negro” o “maricón” se van incluyendo en nuestro lenguaje de forma natural, cuando hace unos cuantos años se consideraban insultos.

¿Por qué maldecimos?

“Bajo determinadas circunstancias, la blasfemia proporciona un alivio que no consiguen ni las oraciones.”

  • Mark Twain

1. Catarsis

Decir palabrotas es, casi siempre, una reacción emocional a algo. Cuando estamos frustrados, sorprendidos o enfadados, maldecir responde a una necesidad de liberar sentimientos. Varios experimentos han demostrado que decir tacos o palabrotas aumenta la capacidad del cuerpo de soportar el dolor. Para probarlo, investigadores de la Universidad de Keele en el Reino Unido hicieron un experimento con voluntarios en el que sumergían sus manos en agua helada todo el tiempo que aguantaran.

“Cuando los participantes repetían una palabrota, eran capaces de aguantar la mano bajo el agua helada una media de 40 segundos más que cuando repetían una palabra cualquiera. Además, los participantes reportaron percibir menos dolor cuando maldecían.”

2. Insultos, acoso y exclusión

Las palabrotas no son realmente necesarias a la hora de insultar —un simple “eres feo” puede funcionar—, pero los tacos aumentan la mala leche. También pueden funcionar como ira concentrada: ¿por qué explicarle a un vecino que le odias si le puedes mandar a la mierda directamente?

Que conste: si insultas o dices palabrotas dirigidas a alguien que no te puede escuchar (véase conductores en sus coches o deportistas en la televisión), entonces estarás liberando endorfinas, lo cual pertenece a la categoría previa.

3. Sentimiento de pertenencia

Entre los amigos, maldecir tiene una importancia y una funcionalidad social muy decisiva: compartir palabras del argot o romper con algunos de los tabús sociales une a la gente. Los insultos que se comparten entre grupos de amigos no son acosadores ni van con mala intención, sino que son más bien un símbolo de pertenencia a un grupo. (…)

4. Estilo y énfasis

Cualquier comediante o monologuista te confirmaría que las palabrotas tienen un gran poder para llamar la atención. Muchas veces, decir alguna que otra palabra malsonante hace de algo gracioso, algo cómico. Soltar un taco cuando en circunstancias normales se usaría un adjetivo insulso provoca risas nerviosas y emociones en lo que, de otra manera, podría tratarse de frases neutrales.

¿Por qué las palabrotas llaman tanto nuestra atención?

Para nuestro cerebro, las palabrotas ni siquiera son palabras: son coágulos de emoción. De hecho no están almacenadas donde se halla el resto del lenguaje, sino que se encuentran en otra parte del cerebro completamente distinta. El lenguaje formal se encuentra en las áreas de Broca y de Wernicke del cerebro. Las palabrotas, sin embargo, están almacenadas en el sistema límbico, un complejo sistema de redes neurológicas que controla y dirige nuestras emociones.

Es por ello que el paciente que sufrió afasia severa (daño en las capacidades lingüísticas tras un derrame cerebral), podía seguir pronunciando las palabras “bueno”, “vale”, “sí”, “no”, “joder” y “mierda”, a pesar de que había perdido la facultad de hablar. Incluso era capaz de pronunciar estas palabras en el contexto apropiado, pero cuando los investigadores le pedían que leyera un texto, él era incapaz.

Esta novedad sobre el comportamiento neurológico ayuda a explicar por qué todos los esfuerzos a erradicar los insultos a través de la historia han sido fallidos. Prohibir palabras que en realidad están conectadas a las emociones es tan imposible como intentar prohibir las emociones en sí. Conociendo la naturaleza humana, no hay cojones a que eso funcione.

Se dice que lo más difícil de hacer en otro idioma es hacer chistes y maldecir

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