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Un americano en Río de Janeiro: lo que aprendí en la "Cidade Maravilhosa" de Brasil

Enviamos a nuestro querido editor JE a Río de Janeiro antes de que se celebren los juegos. Nunca había estado en Sudamérica, no habla ni una palabra de portugués y no tiene ni idea de lo que está haciendo. Nuestro gringo en Río tiene mucho que aprender.

Escrito por John-Erik Jordan

Cuando me surgió la oportunidad de hacer un viaje a Río de Janeiro no me lo pensé dos veces, busqué el pasaporte y la crema solar y me dirigí al aeropuerto. Pero espera un momento, ¿dices que vamos a grabar todo el viaje? ¿Que el mundo entero va a contemplar el ridículo espectáculo que daré como turista gringo en Latinoamérica? Bueno… ¡mejor eso a quedarme en tierra! ¡Brasil, allá voy!

Praia do Leme

Mi primera parada fue en el centro neurálgico de Río, ¡la playa! Praia do Leme es un lugar de postal, perfecto para imaginarse unas vacaciones tropicales: arena blanca y fina, palmeras, puestos vendiendo agua de coco directamente "exprimida" del fruto. Ah, y mucha gente haciendo deporte (y digo haciendo deporte en serio). Madre mía, ¿todo el mundo en esta playa es un atleta profesional? Debería haberme tomado más en serio los clichés sobre la operación bikini brasileña, aquí todo el mundo está en forma, todos, menos yo. Pronto me doy cuenta de que no me puedo quedar todo el día apartado de las maravillas que ocurren a mi alrededor, así que intento acoplarme a un par de grupos de gente. Un instructor de Muay Thai me deja colarme en su clase a la sombra de los cocoteros (no sé preguntarle en portugués, pero parece ser que "Fight Club" es algo universal). Hacer repeticiones de abdominales es la ocasión perfecta para aprenderme los números en portugués, así que aprendo del uno al diez, algo que me será muy útil durante todo el resto del viaje. También aprendo a decir "gracias" (obrigado). Cerca de donde estoy hay un grupo de gente practicando un deporte del que nunca había oído hablar, futevôlei’, una mezcla entre fútbol (futebol) y voleibol (voleibol) que se inventó en Río. Parece difícil, pero yo lo intento de todas maneras. Hacer deporte se convierte en un momento perfecto para aprender algunos verbos útiles como por ejemplo chutar y las palabras en portugués para las partes del cuerpo, pero lo del futevôlei no termina de ser lo mío: no le doy a la pelota ni con la cabeça, ni con el braço, ni con el peito… ¡Ni siquiera con los pés! Mira la semana que viene la parte 2 de mi viaje, ¡cuando me aventuro en el descubrimiento de los monumentos más impresionantes de Río!


Arpoador

Es bastante tentador pensar que uno puede ir a cualquier lugar del mundo hablando solo inglés, pero en Brasil al menos, esto no es cierto. De todas maneras, sigo descubriendo cómo la gente de Río es muy amigable y les encanta hablar, ¡incluso sin tener el idioma en común! Se ha dado ya el caso, más de una vez, en el que estoy manteniendo una conversación en inglés todo el rato, mientras que la otra persona solo habla en portugués. Todos mis gestos (y mi camiseta con iconos) me ayudaron a hacerme entender, pero sobre todo tengo que agradecer la paciencia y buena voluntad de las personas que se pararon a hablar conmigo. Estoy aprendiendo palabras sueltas, tales como boteco, gelada, feijoada, pero también aprovecho cuando de repente unas chicas me ofrecen una clase de portugués improvisada en Arpoador (un lugar muy famoso para ver el atardecer en Ipanema). Gracias a ellas ahora sé que los habitantes de Río se llaman cariocas, que la pasta tan rica de frutas que comí se llama açaí y está hecha con frutos del Amazonas y también que para invitar a alguien a bailar (sé que me estoy flipando un poco) tengo que decir Você gostaria de dançar comigo?

Siguiente parada: encontrar un lugar para bailar samba en el dinámico distrito de Lapa. Uups, quizá debería haber aprendido a pedir que me enseñaran samba primero, Você poderia me ensinar a sambar?


Lapa

Bailar samba es algo muy típico del sábado noche… pero aquí estoy yo, buscando un lugar para bailar samba un martes. Bueno, igual no es el mejor plan, pero me dieron un buen consejo: el vecindario de Lapa es el centro neurálgico de la fiesta carioca. Si hay algo de samba hoy, tiene que ser por aquí. Todo lo que tengo que hacer es seguir la música que se escucha saliendo de los bares con la puerta abierta. Me paro en uno que tiene una banda con música muy animada. Nunca he visto bailar samba antes y me impresiona el ambiente tan íntimo y vivo de los bailarines. Según me voy acercando a la pista de baile, aterrorizado ante la sola idea de probar mi ignorancia bailonga frente a bailarines muy cualificados, me doy cuenta de que no tengo nada que temer. El bar está lleno de gente feliz y de buen humor y nadie se da cuenta de que no tengo ni idea de qué hacer con mis pies.


Morro do Vidigal

Río de Janeiro está hecha de retales muy contrastados: ciudad y naturaleza salvaje, peligro y belleza, riqueza y pobreza. La favela Vidigal consigue sumar todas estas características en un solo lugar. Favela se traduce a menudo como "chabola", pero a los ojos de un turista Vidigal es una expresión vibrante de creatividad dinámica y viva (por favor, perdonad el romanticismo de mi yo turista). Solo he podido ver el vecindario desde la parte trasera de una mototáxi mientras esta acelera por calles estrechísimas, pero todas las personas que estoy conociendo (los conductores de las mototáxis, los vendedores de los kioscos, la gente que pasa el tiempo en la plaza) son encantadores, me dan la bienvenida y tienen mucha paciencia cuando intento comunicarme.

Ser un turista

Es mi último día, así que es el momento de sacar a la luz el gringo que llevo dentro y ponerme en modo turista. En mi lista están el Museu do Amanha" (Museo del Mañana) hecho por Santiago Calatrava en el distrito Centro; la Escadaria Selarón, una escalera pintada de colores y con frases; los Arcos da Lapa, un acueducto convertido en un tranvía; Lagoa Rodrigo de Freitas, un lago con impresionantes vistas de la ciudad y, finalmente, el Pao de Açúcar" del cual por fin supe que no se trata de un postre, sino de una enorme montaña de granito. No me da tiempo a subirme al Corcovado, el punto más alto de la ciudad, para ver más de cerca al Cristo Redentor, pero supongo que no se puede hacer todo en un día. Mi estancia en Río ha sido muy inspiradora, sobre todo gracias a la gente que he conocido allí, que la han hecho muy especial. Lo poquito que aprendí de portugués me abrió muchas puertas y ahora estoy motivado y quiero aprender más. Hay tanto que descubrir sobre la cultura brasileña y de verdad espero volver armado de conocimientos y cultura y, lo más importante, hablando su idioma. La próxima vez…

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