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9 pasos para españolizarte

Hay muchos estereotipos sobre los españoles, algunos buenos y muy ciertos y otros totalmente falsos y un poco dañinos. Por eso a continuación he seleccionado los más característicos porque, como dicen, si el río suena, agua lleva.

Escrito por Cristina Gusano Sanz

Como buena expatriada, me siento cerca del hogar a base de skypes con la familia y mis amigos, música a todo volumen en mi lengua materna y latas de Fabada Litoral que me ayudan a pasar los largos inviernos alemanes.

Cuando vuelvo a casa por Navidad (o por lo que sea), siempre aterrizo bajo un cielo azul, mi familia me recibe en trajes folclóricos palmeando y taconeando al ritmo de música flamenca y al llegar a casa hay cañas, tapas y una paella esperándome seguida de una larga siesta.

En realidad no.

Hay muchos estereotipos sobre los españoles, algunos buenos y muy ciertos y otros totalmente falsos y un poco dañinos. Por eso a continuación he seleccionado los más característicos porque, como dicen, si el río suena, agua lleva.

Si cumples con éxito los siguientes clichés, podrás decir la mítica frase “mi casa es tu casa” con arte y soltura al terminar de leer este artículo.

  1. La regla número uno es de sobra conocida: un español nunca pasa desapercibido. No se trata de buscar atención, pero es que la fina línea entre hablar alto y gritar está demasiado difuminada y para nosotros es confusa. Casi todos los bares y las comidas familiares se sitúan, por si no lo sabíais, sobre esa línea. También nos gusta llevar nuestras costumbres locales fuera, por lo que entre nosotros nos reconoceremos fuera del territorio nacional por gritar en sitios públicos y hacer botellón everywhere. No nos mires, únete.
  2. No, mañana no hay un concierto de Justin Bieber, solo somos unos cuantos españoles amigos de lo gratis esperando a entrar en cualquier actividad gratuita, ya sea la inauguración de una sala del Museo de Rocas y Minerales que una zarzuela en el Teatro Nacional. Si dan comida y/o bebida gratis ya ni te cuento. Yo he llegado a ir a algún evento con nula importancia solo porque había canapés y vino gratis. He salido con la boca negra sí, pero y lo bueno que sabe lo gratis qué, aprovéchate y métete algún montadito en el bolsillo, para luego.
  3. Saluda hijo, saluda: a ver, basta ya de tonterías, que nuestras madres no nos han educado para que, llegado el momento de socializar, nos quedemos quietos y seamos unos groseros. En España hay que saltarse las normas sociales. Hay que invadir los espacios de la gente y las zonas de confort. Un español no saluda con miradas ni simples palabras. Un español está a poquito de intercambiar saliva con cualquier desconocido que se le ponga por delante. Un español le planta besos hasta a las amigas de la madre del amigo de un colega. Es así. A veces, los números entre besos y personas no cuadran y se rompe la ecuación. A mí me ha pasado el llegar a un bar, avistar a mis 3 amigos y plantarle dos besos sonoros a las personas adyacentes que NO, no son nuevos amigos ya que entre ellos NO se conocen dada su cara de sorpresa o shock. Gajes del oficio besucón. Muáck muáck muáck.
  4. Como dice mi padre, la paciencia es la madre de la ciencia. Por eso han triunfado tanto los carteles de “stay calm and …” por mi país, porque hay mucha gente que necesita todo lo contrario a un Red Bull. Relájate, porque en España cada cosa lleva su tiempo y cada persona va a su ritmo. Si entras en un bar lleno de gente, no esperes atención inmediata. Ni siquiera esperes estar atendido en 10 minutos. Estos camareros están muy bien entrenados para esquivar miradas y el experto en tirar cañas solo te mirará cuando a él le venga bien, no cuando se agote tu paciencia. Cuando por fin lo haga y tú pidas lo que quieres, volverá a ignorarte hasta que le apetezca servirte. Sé paciente, seguro que cuando finalmente te ponga la cerveza y el pincho de tortilla, el flamenquito o los calamares la espera habrá merecido la pena. Slow down, pleasure up.
  5. Speak Espanis, please: a los españoles no nos importa hacer el ridículo en ninguna ocasión, excepto cuando se trata de hablar idiomas. Aprende un poquito de español y te saldrán amigos de debajo de las piedras, que nos gusta mucho poder comunicarnos y si es en el idioma del Quijote, mejor. También nos gusta españolizar extranjerismos tanto en la forma escrita —por ejemplo güisqui (whiskey) o beicon (bacon)—, como en la forma hablada, si no, pregúntale a alguien si le gusta U2 (YúTú) en vez de “U dos” o ACDC (EisiDisi) en vez de “AceDecé” a ver qué te responde.
  6. La espontaneidad es una cualidad que no se puede forzar: los españoles somos MUY espontáneos, a veces demasiado, significando esto que somos fácilmente manipulables, decir que no queremos salir y estar en un bar o en una cena al minuto siguiente es muy buen ejemplo de lo que quiero decir. El chiste fácil, el humor absurdo —pero rápido—, las reuniones inesperadas y los planes que surgen sobre la marcha son nuestros favoritos. ¿Que si nos tomamos una cervecita? ¡Pues claro! (Y yo con estos pelos).
  7. Small talk: esto es, hablar de temas triviales como el tiempo, los planes de fin de semana, el fútbol, los resultados electorales de un país que no te importe, el funcionamiento de la fotocopiadora de la oficina, el nuevo iPhone 7 o los consejos gratuitos de los vecinos para aliviar la alergia primaveral. También conocida como conversación de ascensor, los españoles somos los reyes de la small talk. Dice la leyenda que hubo una vez un español que estuvo haciendo small talk hasta siete años seguidos sin hablar en ningún momento sobre cosas importantes o temas sustanciales. Apúntate a la moda de hablar por hablar.
  8. Aprende y practica el concepto sobremesa: literalmente, significa que algo está sobre la mesa. Su significado para nosotros es, sin embargo, el valioso tiempo que se pasa sentado a la mesa después de haber terminado de comer. En la sobremesa se puede tomar café, un licor digestivo o un pequeño postre, pero consiste fundamentalmente en digerir a la vez que se mantiene una interesante conversación (sí, consiste en hablar MÁS). Algunas personas pueden levantarse y no participar de la sobremesa y no pasa nada, ellos se lo pierden. En la sobremesa, en general cada uno habla de lo que le apetece o de lo que le interesa, no se respeta el turno de palabra pero todos nos entendemos y encontramos el orden en el caos. Mi teoría es que el multitasking lo inventó un español cocinando, hablando, bebiendo y configurando el canal digital en la televisión a la vez.
  9. Dormir en la más absoluta oscuridad: sí, ya son bastantes horas de luz las que tenemos al año (hasta 4800, para ser más exactos) así que cuando llega la hora de dormir nos ponemos serios. Nada de soluciones de medio pelo como un estor, una cortina oscura, o historias varias, PERSIANAS. ¿Por qué no hay persianas en el resto del mundo? ¿Por qué hay que despertarse con la luz del día si en Berlín, por ejemplo, amanece a las 4 de la mañana en verano? A mí me gusta dormir MUCHO los fines de semana, no despertarme a las 5, 6 o 10 de la madrugada. Reclamo el derecho a poder iluminar mi cara con la luz del móvil un sábado a las 11 de la mañana (y dejarlo en la mesilla y seguir durmiendo, si quiero). Tú haz lo que quieras… Yo en mis ventanas pongo persianas, así que si estás de visita en la ciudad quieres dormir profundo, ya sabes… ¡Mi casa es tu casa!

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