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Miedo a volar: descubre cómo aprender idiomas puede ayudarte a viajar con tranquilidad

El miedo a volar es mucho más común de lo que podamos pensar. Aprender idiomas nuevos te puede ayudar a superarlo… ¡Sí, lo has leído bien! Descubre cómo aquí.
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Miedo a volar: descubre cómo aprender idiomas puede ayudarte a viajar con tranquilidad

La RAE define «fobia» como un temor angustioso e incontrolable ante ciertos actos, ideas, objetos o situaciones, que se sabe absurdo y se aproxima a la obsesión. Quienes salen corriendo cuando ven un insecto, incluso si es inofensivo, o comienzan a tener sudores fríos tan solo con pensar en hacer algo tan cotidiano como coger el ascensor, saben muy bien de lo que estamos hablando.

Ahora vuelve a leer la definición y concéntrate en el adjetivo «absurdo». Pues bien, es cierto que algunas fobias producen un pánico verdadero y, en los casos más graves, impiden que las personas tengan una vida normal, pero habitualmente no esconden un peligro inmediato o un riesgo grave para el bienestar físico. De manera contraria, no podríamos explicar algunas fobias particulares como la xantofobia (el miedo al color amarillo) o la metrofobia (el miedo a la poesía).

En otras palabras, el miedo existe (y sí, lo sabemos, no es agradable) pero no es racional, no tiene una razón tangible e inmediata que lo justifique.

Pongamos un ejemplo práctico para aclararlo mejor:

1) estás en un bosque y te cruzas con un oso grizzly. Tienes un miedo de muerte, empiezas a correr y el oso te persigue. En este caso, el miedo es racional: corres porque no quieres que te devore.

2) Estás paseando por las calles de Benidorm y de repente tienes miedo de que un oso te pueda devorar. ¿Cuál es la probabilidad de que un animal salvaje de estas dimensiones esté al acecho en ese momento en la ciudad? Y, sobre todo, ¿cómo va a llegar un oso a Benidorm? No importa, tienes tanto miedo que comienzas a correr para encontrar refugio. En este caso, el miedo al oso es absurdo porque, como supones, ¡no hay ningún oso a la vista!

No existe ningún peligro a pesar de que tu cerebro te está mintiendo y está sugiriendo que salgas corriendo.

Yo también formo parte del notable «Club de la fobia» y, cuando tengo dudas de los motivos que provocan mi miedo, repito este razonamiento como un mandamiento para autoconvencerme y subir por las interminables escaleras.

Tengo miedo a volar. Sé que viajar en avión es seguro, sé que mis miedos son infundados y que toda la culpa es de mi mente, que me hace interpretar de manera errónea las señales que en realidad son totalmente inocuas… Y a veces solo hace falta una tontería para precipitar (la elección de este verbo no es la mejor en este contexto) mis miedos.

  • Estamos atravesando una zona de turbulencias. ADIÓS, MUNDO CRUEL.
  • El avión se ha inclinado, ESTÁ GIRANDO. ¿Porque está girando? ADIÓS, MUNDO CRUEL.
  • La asistente de vuelo está muy seria. Estará preocupada por cualquier cosa. ADIÓS, MUNDO CRUEL.
  • ¿Qué es este «ding dong»? ¿Es una señal de peligro que el piloto está transmitiendo a los asistentes de vuelo? ¿Un lenguaje secreto? ADIÓS, MUNDO CRUEL.
  • Mira, la estela de otro avión a 7000 km de distancia. ADIÓS, MUNDO CRUEL.

Partiendo de estos supuestos y después de haberme documentado detalladamente (a través de cursos online, vídeos y artículos escritos por profesionales del sector), aprendí una cosa: si no puedo apagar el cerebro (y os aseguro que el mío es particularmente imaginativo), es posible que al menos pueda engañarlo.

A lo largo de los años, por este motivo, he utilizado algunos recursos cuyo único propósito es el de distraerme durante los viajes de avión más o menos largos. Mi estrategia se ha perfeccionado y ampliado a medida que mi conocimiento de idiomas es mayor: tener un conocimiento mínimo de inglés es indispensable para poder comunicarte con otras personas (si no hay hispanohablantes a tu alrededor) y ocupar tu cerebro con alguna cosa a la que no esté acostumbrado. Y sí, lo has adivinado: cuanto más ocupada esté tu mente haciendo algo, menos pensamientos inoportunos sugerirán («¿Por qué está vibrando el ala?» Adiós…)

A continuación, encontrarás mis trucos para volar con tranquilidad y para no tener pánico de que te devore un oso imaginario.

Un aviso: estos trucos no combaten la aerofobia (para esto te aconsejo que consultes a profesionales o realices cursos como el que Easyjet ofrece online, ¡es realmente bueno!), pero te ayudarán a distraerte y mantener tu mente ocupada.

Los asistentes de vuelo son tus amigos

Primera regla del club de las personas con aerofobia: habla con la tripulación de vuelo. Créeme, el personal del avión es muy empático con tu situación, y está realmente interesado en ayudarte a conservar la tranquilidad durante el viaje. Por tanto, tan pronto como subas a bordo del avión, confía en ellos: esto no solo contribuirá a que te relajes, sino que también asegurará que recibes un trato especial. Los asistentes de vuelo, si es posible, te ofrecerán un asiento cerca de la cabina (para estar cerca de ellos) y te preguntarán con frecuencia si todo va bien, informándote también sobre el estado del vuelo. Obviamente, si no hablas inglés y ningún miembro del personal habla español, esto será difícil. Como preparación a tu viaje, puedes aprender inglés básico ¡con una lección al día!

Aprovéchate del modo offline de Babbel

Lo he dicho antes: si tu cerebro a menudo se enreda, puedes actuar antes de que esto ocurra y mantenerlo ocupado con una tarea que exija tu concentración; si los sudokus no te gustan, y quieres hacer algo que sea agradable y útil al mismo tiempo, ¿por qué no aprovechas el «tiempo muerto» del vuelo y comienzas a aprender un idioma (o perfeccionas el que ya sabes)? Los cursos de Babbel también se puede realizar sin conexión a internet (pero no olvides descargar el contenido) y te permitirán concentrarte en cosas como la conjugación de los verbos alemanes, el repaso del alfabeto cirílico o la introducción a las lenguas escandinavas.

No sé tú, pero yo casi ya no puedo escuchar ese ruido.

Soltar un rollo

Vale, esta técnica es infame, lo admito. Pero el fin justifica los medios. Si la persona que se sienta a tu lado parece tranquila (aquellos con miedo a volar, en general, se reconocen entre ellos), comienza una conversación, haz preguntas, habla de ti, no renuncies a ello. Las conversaciones banales hacen que la atmósfera sea más distendida, ayudan a que el tiempo pase más rápido y, si son en otro idioma, te distraerán aún más. Además, puede que conozcas a un nuevo amigo.

El acorazado Potemkin

No, «El acorazado Potemkin» no es ninguna locura, porque si la ves en el avión con subtítulos en ruso, quizás te ayude a que pases un par de horas concentrado y te olvides de todo lo demás. Si el cine ruso no es lo tuyo, puedes buscar otra película que te guste. Un consejo: no elijas la primera película en español que veas por pereza. Seguir los diálogos de una película original, quizás con subtítulos, ocupará tu cerebro y te ayudará a mejorar tu nivel lingüístico. Los 92 minutos de aplausos nos gustan a todos.

Y en el peor de los casos…

¿Has probado todo aquello que he sugerido pero tu fobia sigue siendo fuerte y no eres capaz de distraer la mente? Acomódate en tu asiento, cierra los ojos y comienza a respirar profundamente. Cuando te sientas un poco más relajado, comienza a realizar listas mentales: los monumentos que quieres visitar cuando llegues, las capitales europeas, los cumpleaños de tus amigos, la colocación de las mesas de tu clase en la escuela o los nombres de tus compañeros de trabajo en orden alfabético. Cuando completes tu lista, repítela… al contrario. Cuando creas que ya te la sabes de memoria, haz otra lista. Y después repítela, al contrario. Y así hasta que el avión aterrice. ¡Fatigoso, pero mantendrá la mente ocupada!

¿Qué repito yo? Me concentro en el alfabeto griego y te aseguro que funciona. Advertencia: utiliza solo la mente o puede que las personas de tu alrededor te miren con preocupación.

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