La EÑE, esa extraña letra española (aunque no solo)

La eñe es mucho más que una letra, es un símbolo de identidad de nuestro idioma, una rareza que nos da carácter. Pero ¿sabías que no somos los únicos que la utilizamos?
La EÑE, esa extraña letra española (aunque no solo)

Hoy nos haría refunfuñar y fruncir el ceño, pero durante muchos años para poder decir que íbamos a ordeñar a nuestras vacas, a cortar leña o a recogernos el pelo en un moño había que utilizar otras artimañas que no incluyeran una eñe. Tampoco podríamos exclamar ¡ñaaaam! al degustar unos buñuelos, soñar con el mañana o añorar las enseñanzas de nuestros mayores ¡siempre tan apañados!. Y es que aunque hoy nos parezca imposible, hubo un tiempo en que no existía esta letra en nuestro alfabeto. Descubramos cómo llegó, ¡para quedarse!, la letra más extraña y cañera de nuestra lengua.

Un nuevo sonido

Aunque es la letra más joven del alfabeto no entró oficialmente en él hasta pasado el siglo XVIII, para hablar de la ñ hay que remontarse muchos años, a un tiempo en el que las nuevas lenguas romances estaban olvidando el latín e introduciendo sonidos novedosos a sus idiomas. Uno de estos sonidos era el de palabras como donna o annus que empezaron a pronunciarse con un sonido nasal y palatal, es decir, un sonido que salía por la nariz y en el que además la punta de la lengua se apoyaba contra el paladar. Prueba a hacerlo al pronunciar donna o annus… ¿a qué te suena esto? Pues sí, en efecto a una eñe.

Y ahora, ¿cómo escribimos esto?

La evolución de las lenguas tiene mucho de espontáneo, pero no se puede negar que hay una parte más reflexiva. Decisiones conscientes que se toman ante los nuevos retos con los que se encuentra el idioma y que pueden variar de un lugar a otro. Esto es un poco lo que ocurrió con el sonido de la ñ. No existía una regla fija y cada uno lo escribía como buenamente podía. Con el tiempo la cosa se volvió más seria y hubo que establecer algunas normas. Pero no en todos los lugares se hizo de la misma manera:

  • Los italianos y los franceses decidieron anteponer una “g” a la “n”. Así que recuerda pronunciar siempre con una eñe palabras como gnocchi, gnomo, bagno o Bretagne.
  • Los catalanes añadieron una “y” a la “n”, de ahí que escriban Catalunya o Espanya.
  • Los portugueses adoptaron la “nh” para reproducir este sonido.
  • En el resto de la península acabó creándose una letra nueva: la “ñ”.

Ha nacido una estrella (y lleva un elegante sombrero)

Como hemos dicho, antes de que naciera la letra eñe, cada copista hacía lo que podía y muchos seguían escribiendo esa doble ene del latín como en donna o en annus. Pero para ahorrar pergamino se empezó a simplificar la escritura y a poner una n encima de la otra. Con el tiempo esa n superior se esquematizó hasta convertirse en la vírgula que conocemos hoy (sí, vírgula, ese es el nombre real del sombrerito que tiene nuestra letra más característica).

Este nuevo símbolo fue bendecido por el rey Alfonso X, el Sabio, que en su reforma ortográfica ya recomendaba usar la letra eñe para transcribir su sonido. Pero además la eñe se vistió de gala en 1492, cuando Antonio de Nebrija la incluyó en la primera gramática de la lengua castellana.

No había duda, había nacido una estrella.

Malos tiempos para la letra ñ

Pero como todas las estrellas, esta también tuvo su momento de decadencia. Ocurrió hace no tanto, en los años 90 del pasado siglo. España había entrado unos años antes en la Comunidad Económica Europea y todo el mundo presumía de ser muy moderno, muy tecnológico y muy libre. Tanto que en los despachos europeos se empezó a plantear que la letra ñ en los teclados de los ordenadores era un verdadero incordio y que si queríamos favorecer el libre mercado, debíamos unificar los teclados y tumbar la norma que impedía comercializar en España teclados informáticos que no tuvieran en cuenta las peculiaridades gráficas de la lengua castellana. Es decir, que por comodidad comercial había que dar en sacrificio a los dioses del Libre Mercado nuestro más preciado tesoro lingüístico. La guerra estaba servida.

A uno y otro lado del Atlántico fueron muchos los intelectuales que se rebelaron contra esta propuesta. Nombres de peso como Gabriel García Márquez, Francisco Umbral o María Elena Welsh se alzaron ante la aberración de eliminar una letra que utilizan cada día casi 500 millones de hispanohablantes.

El 23 de abril de 1993 el Gobierno español aprobó un Real Decreto para proteger la eñe. En él se obligaba a su presencia en los teclados, puesto que esta letra era una excepción de carácter cultural previa a la creación de la Unión Europea y que, por tanto, debía ser respetada y protegida. La riña europea había terminado sin daños para nuestra castiza letra eñe.

Compartir es vivir: otras lenguas con ñ

La eñe, por muy española que nos parezca, no es exclusiva de nuestro idioma. Compartimos este símbolo con el gallego o con el asturiano y además en Latinoamérica la llegada de los españoles supuso también que muchas lenguas amerindias con este sonido, pero que no habían desarrollado su escritura, adoptaran la eñe en su alfabeto. Así que no debe sorprendernos encontrarnos palabras con eñe en lenguas como el quechua, el guaraní, el mapuche, el aymara, el otomí, el mixteco o el zapoteco. Son nuestras lenguas hermanas (¿o tal vez deberíamos decir hermañas?).


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